Lo siento (II)

Días después, me mandaron a la cárcel, por comprar de manera fraudulenta unos CDs de David Bustamente en unos grandes almacenes.  Cómo iba a saber que te podían condenar a cárcel por pagar con unos billetes “no originales”.  La verdad es que no eran para mí.  Y como no estaba dispuesto a gastar mi dinero en pseudomúsica, imprimí unos billetes que me quedaron bastante bien, pero debe ser que topé con el empleado del mes y me delató.  Si me habían pillado con las manos en la masa, era lógico que me mandasen a la cárcel, con una condena de dos años que estoy cumpliendo religiosamente, aunque a lo mejor, de haber sabido que me podían meter en la cárcel por esto, los habría intentado robar directamente.
Hace unos días tuve una pelea con una interna, porque quería que le dejara mi barra de labios y yo naturalmente me negué, porque antes tengo que saber si esa reclusa no es hipócrita.  Entonces no sé por qué hubo mucho follón en  el patio, total que se organizó una pelea colectiva y vino la Eulalia con el silbato y la porra, una carcelera tipo Arnold Schwarzenegger, que a golpes de porra y toques de silbato resuelve todos los conflictos, como principal implicada me mandó tres días a la celda de castigo, no hace falta que diga que es un zulo pequeño y oscuro donde casi no cabes estirada, pero a mí no me importaba estar allí tranquila durmiendo cinco días,  lo peor para mí era la oscuridad y le dije a la carcelera que me dejara algo de luz, aunque fuese una linterna o una rendija, porque no soporto la oscuridad para dormir, pero ella se negó en redondo y con muy mala leche, me dejó allí sin luz tres largos días con sus interminables noches, y antes de irse me dijo:
-¿Sabes que, pija de mierda?  No me sale los cojones dejarte ni una raya de luz y vas a estar aquí, sin comer ni beber y sin luz los cinco días, por follonera.
Yo me la quedé mirando y antes de cerrar el zulo me miró riendo y con retintín me dijo LO SIENTO.
En esos días ideé un plan que cumplí a rajatabla, me llevó siete días organizarlo, justo el viernes siguiente que me tocó servir la comida, la pobre murió de una sobredosis de cocaína que le eché en el puré de verduras.
Mientras aquí estoy resignada cumpliendo mis tres últimos meses de condena por “robar” unos discos para mi sobrino.
Y es que como se puede decir con la boca LO SIENTO cuando con la cara y los ojos se está diciendo lo contrario.

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