No hay rosas rojas

Eran las cinco de la tarde de un día de septiembre, la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar de Madrid se había engalanado con flores para el evento, el novio esperaba en el altar algo nervioso. Cuando hizo su entrada la novia todos volvieron la cabeza mientras la marcha nupcial de Mendelssohn sonaba en el gran órgano, despertando, con sus delicadas notas, el hemisferio sensorial de los asistentes. Pareciera que lo estuvieran tocando los mismísimos ángeles. La novia guapísima con la carita dulce, los ojos azules y con la mirada al frente, embargada de una intensa emoción hacía el paseíllo por la alfombra roja hacia el altar. Los ciento trece invitados emperifollados y oliendo a colonia, miraban a la pareja con una leve sonrisa, mientras se acercaban al altar. La ceremonia se desarrolló siguiendo el orden esperado, del protocolo que dicta la Iglesia Católica. Al terminar, la gente estaba emocionada. Siempre se siente una pequeña emoción, cuando se mira a unos novios recién casados, saliendo de la iglesia cogidos del brazo, y convertidos ya en marido y mujer. Aunque también despiertan cierta envidia, sobre todo entre las solteras.

-¡Vivan los novios!

-¡Vivan! -gritaron a la puerta de la iglesia todos los invitados a la ceremonia. A continuación una lluvia de arroz comenzó a caer, sembrando sus cabezas y la de algunos asistentes al enlace. Parabienes y saludos a los recién casados les llegaban de todas partes, sin darles tiempo a asimilarlo. Él presumía de ser un guapo mozo, alto, moreno y con ojos verdes, vestido con traje de alpaca color crema. Ella menos alta, rubia oxigenada, con ojos marrones, nariz respingona y cara redondeada, con vestido blanco largo, corpiño de encaje y velo de tul ilusión, adornaba sus manos un ramo de rosas color salmón. Se metieron en un antiguo coche coupè y salieron camino de ser fotografiados. Mientras los invitados se dirigieron al lugar donde se celebraba el gran banquete. Para rematar, un baile que se prolongó hasta las dos de la madrugada, done el exceso de alcohol y la falta de luz provocaron más de un desliz.

Pasada la media noche los novios se retiraron y comenzaron así su luna de miel. Fue una noche bonita, inexperta ella y poca experiencia él, pero el amor y el deseo fueron supliendo con creces sus torpezas. Poco a poco sin prisas, y con el instinto que da la madre naturaleza, fueron descubriéndose el uno al otro. Ella estaba locamente enamorada de su ya marido, le veía el hombre más guapo y más sexy del mundo. Se le llenaba el alma sólo con mirarle, le gustaba todo de él. Sus manos, su cuerpo, su pelo, su voz. Le gustaba observarle cuando dormía, sentía hacia él una atracción fuera de lo normal, habían sido novios un año y aún no estaba llena de él, ambos sentían una atracción mutua que les desbordaba. Cuando estaban juntos, eran un coktail peligroso, en pocas ocasiones la naturaleza junta a dos personas de similares características. Según le decía ella, “todo es cuestión de piel”.

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Lo siento (II)

Días después, me mandaron a la cárcel, por comprar de manera fraudulenta unos CDs de David Bustamente en unos grandes almacenes.  Cómo iba a saber que te podían condenar a cárcel por pagar con unos billetes “no originales”.  La verdad es que no eran para mí.  Y como no estaba dispuesto a gastar mi dinero en pseudomúsica, imprimí unos billetes que me quedaron bastante bien, pero debe ser que topé con el empleado del mes y me delató.  Si me habían pillado con las manos en la masa, era lógico que me mandasen a la cárcel, con una condena de dos años que estoy cumpliendo religiosamente, aunque a lo mejor, de haber sabido que me podían meter en la cárcel por esto, los habría intentado robar directamente.
Hace unos días tuve una pelea con una interna, porque quería que le dejara mi barra de labios y yo naturalmente me negué, porque antes tengo que saber si esa reclusa no es hipócrita.  Entonces no sé por qué hubo mucho follón en  el patio, total que se organizó una pelea colectiva y vino la Eulalia con el silbato y la porra, una carcelera tipo Arnold Schwarzenegger, que a golpes de porra y toques de silbato resuelve todos los conflictos, como principal implicada me mandó tres días a la celda de castigo, no hace falta que diga que es un zulo pequeño y oscuro donde casi no cabes estirada, pero a mí no me importaba estar allí tranquila durmiendo cinco días,  lo peor para mí era la oscuridad y le dije a la carcelera que me dejara algo de luz, aunque fuese una linterna o una rendija, porque no soporto la oscuridad para dormir, pero ella se negó en redondo y con muy mala leche, me dejó allí sin luz tres largos días con sus interminables noches, y antes de irse me dijo:
-¿Sabes que, pija de mierda?  No me sale los cojones dejarte ni una raya de luz y vas a estar aquí, sin comer ni beber y sin luz los cinco días, por follonera.
Yo me la quedé mirando y antes de cerrar el zulo me miró riendo y con retintín me dijo LO SIENTO.
En esos días ideé un plan que cumplí a rajatabla, me llevó siete días organizarlo, justo el viernes siguiente que me tocó servir la comida, la pobre murió de una sobredosis de cocaína que le eché en el puré de verduras.
Mientras aquí estoy resignada cumpliendo mis tres últimos meses de condena por “robar” unos discos para mi sobrino.
Y es que como se puede decir con la boca LO SIENTO cuando con la cara y los ojos se está diciendo lo contrario.