La merienda (II)

<<La verdad es que después del corte que me dio el niño, no me quedaron ganas de volver a reprocharles nada de sus juegos.  Vi impotente cómo saltaban en la cama o cogían mis  cosas.  Así que me puse a preparar la cena para Fernando y cuando terminé, fui a llamar a Begoña porque ya eran las ocho y tenían que cenar e irnos a buscarle al aeropuerto, que llegaba en el vuelo de las diez>>.  Estaba Paloma en estos pensamientos cuando sonó el teléfono.
–¿Sí? –dijo deseosa de que fuera ella.
–Hola Paloma, perdona que ya llego.  Me he entretenido un poco, pero en en seguida estoy en tu casa, ¿vale?
–¡Venga Begoña!, que tengo que ir a recoger a mi marido y tenemos que salir en menos de una hora –le dijo para meterla prisa– ¿Quieres que le dé de cenar a Álvaro?
–¡Ay!, pues si lo haces te lo agradezco guapa, que he tenido una reunión y hemos salido tardísimo.
–Vale, pero date prisa.
–Venga, ¡hasta ahora!
<<Pero qué reunión tendrá a estas horas, si además es profe de música…¡En fin, Paloma, no te metas en la vida de los demás!  Por lo menos parece que iba corriendo porque tenía la voz acalorada>>.
–Vamos chicos, ¡a cenar! –<<a ver con qué me sorprende ahora, pero bueno, a todos los niños les gusta la tortilla de patatas>>.
–¿Qué hay de cenar? –gritó su hijo desde la habitación.
–¡Vienes y lo ves! –<<siempre me hacía lo mismo, como si hubiera posibilidad de que no viniera a cenar si no le gustara>>.
–Álvaro, tenemos tortilla de patatas para cenar, ¿te gusta?
–Sí, me gusta mucho –respondió sin mucho entusiasmo.  <<Pero mi madre a qué juega.  Tendría que haber venido ya a por mí.  No es que no me guste jugar con Adri, pero prefiero estar con ella.  Que yo sepa siempre me porto bien y hago los deberes y de vez en cuando se va por ahí y me tengo que quedar con algún amigo porque no está en casa.  O aunque no estemos en casa, por qué no me lleva con ella, si yo le acompaño de mil amores.  Seguro que la mamá de Adri no tiene ni idea>>.
–Perdona Paloma, ¿sabes cuándo vendrá mi madre? –preguntó después de estar un rato callado pensativo.
–Si Álvaro, me acaba de llamar y me ha dicho que viene en seguida, que se le ha alargado la reunión.
Estaban terminando de cenar cuando Begoña llamó la timbre.
–¡Hola Paloma!  No sabes cuánto te lo agradezco.
–Nada mujer, si Álvaro es un cielo y además a Adrián le encanta jugar con amiguitos, como es hijo único, se lo pasa muy bien siempre que viene alguien a jugar.
–Bueno, ya te devolveré el favor algún otro día, ¿ha traído algo del cole?
–No, sólo el abrigo.  Voy a por él –Se fue a buscar a Álvaro– Ya ha llegado tu madre, voy a por tu abrigo.
–Vale –dijo fríamente, y salió de la cocina pasando de largo la puerta de la entrada.
–Álvaro que estoy aquí –dijo su madre.
Callado se fue al baño a lavarse las manos y volvió para coger su abrigo de manos de su madre.
–Hola mamá –Se giró hacia Paloma y le dio las gracias por todo, se despidió de Adrián hasta mañana y se fue con su madre.
–¡Adiós Begoña!
–Adiós, y ¡gracias!
Ya en el ascensor le dijo Álvaro a su madre:
–Mamá, me gusta que pases el tiempo conmigo.
–Ya cariño, a mí también.  ¿Es que no te lo has pasado bien con Adrián?
–Sí, es majo, pero prefiero ir contigo.  La próxima vez, me puedes llevar contigo.  <<¿Dónde habrá estado?, noto algo raro.  Está claro que es ella, por la voz y eso, pero tiene algo diferente, o será esta casa, que me ha aturdido con tanta calefacción>>.
–Pero cariño, hoy no te podía llevar.  ¿Te acuerdas que te dije que a lo mejor ponía una tienda de música?  Pues hoy he ido a hablar con un señor que está dispuesto a ayudarme a montar el negocio.
–¿Ah sí?  Y cuando la tengas podría ir allí a jugar con los instrumentos.
–Hombre Álvaro, no podrías jugar con todos, la gente los espera recibir nuevos, sobretodo los de viento.
–¡Ja, ja, ja! Es verdad, pero bueno, sí que podría practicar con el piano, ¿no?
–Bueno, alguno te dejaré, y te podrás quedar el que más te guste, ¿quieres?
–¡Qué guay mamá!
Mientras, Paloma intentaba apresurarse.
–¡Venga hijo!  Voy a recoger, que hay que ir a por papá.  ¡Vete vistiéndote!
Camino del aeropuerto, Adrián se quedó dormido, así que se quedó esperando a Fernando en el coche y le avisó para que saliera a donde estaban ellos.
Fernando era muy cariñoso y le saludaba con un achuchón como de costumbre, y de camino a casa no hablaron muy alto para no despertar a Adrián.  Le preguntó por el viaje y luego Fernando le preguntó por el chico.
Cuando llegaron a casa, metieron a su hijo en la cama, sin que se despertara y le ofreció la cena.
–¿Quieres que te lo caliente un poco?  Yo creo que aún está templado.
–No, ven aquí mejor –Le agarró por la cintura y la atrajo hasta él.
–¿Qué haces?  Que está el niño durmiendo…
–¡Pues ahora vas a ver!
Al final la cena se quedó en el plato hasta la mañana siguiente que se levantó con mucha hambre y ganas de hacerle el desayuno a los dos.
Llevaron a Adrián al colegio y fueron a pasar la mañana por ahí.  Fueron a ver una galería de arte de un amigo suyo y no paraba de hacerle carantoñas mientras Paloma, que entendía mucho de arte pues siempre le había interesado mucho, le explicaba los matices de las pinturas.  Había pintado varios oleos sobre lienzo, pero nunca le interesó venderlos ni sacarle partido.  Después fueron de compras y comieron en un caro restaurante.
A la tarde, Fernando quiso ir a por Adrián para llevarle él mismo la merienda.
–¡Hola Adrián!  ¿Qué tal?
–Hola papá, muy bien, hoy hemos tenido olimpiada de matemáticas.
–¿Ah sí?  Bueno…y eso, ¿en qué consiste?
–Pues nos ponen por parejas y tenemos que resolver problemas de mates enfrentándonos con otras parejas.
–¡Anda!  ¡Qué bien!  ¿Y tú con quién has ido?
–Con Álvaro, mira, ¡díselo tú! –le dijo a Álvaro, señalándolo.
Álvaro, hizo como que miraba a Fernando y le preguntó:
–¿Eres el papá de Adrián?
–Sí, soy yo, ¿me conoces?
–Sí, ¡seguro que alguna vez le has visto! –interrumpió Adrián metiendo la pata.
–Uf, me extrañaría que le hubiera visto… –Entonces Adrián empezó a reír, y en seguida se rieron los 3 juntos, aunque Álvaro se río solo por fuera, mientras pensaba <<Lo que he hecho es olerle, en otra parte…>>.
–¡Adrián! –gritó Begoña desde lo lejos.  Su llamada captó la atención de los 3 y Álvaro se calló de sopetón y gritó:
–¡Mamá! –Y se fue corriendo hacia ella.
–¡Hola hijo!, ¿qué tal? –le preguntó Begoña.
–¡Muy bien!, ¿nos vamos a casa?
–Sí, claro.
Se acercó Adrián y con cara de entusiasmo le dijo a Begoña:
–Hoy ha habido olimpiada de matemáticas y hemos ganado.
–¿Ah sí?  ¡Qué bien! –contestó Begoña mientras veía que el padre de Adrián se acercaba con paso lento.
–¡Mira papá!, esta es la mamá de Adrián.
–Ah, ¡ja ja!, estos niños…encantado, yo soy su padre –dijo Fernando estrechándole la mano.
–Mucho gusto, ¿no ha venido Paloma? –mientras hablaban Adrián se aburría y le pedía la merienda a su padre, que intentaba hacer las dos cosas a la vez: escuchar a su hijo mientras sacaba la merienda y atender a la conversación.  Álvaro, sin embargo, estaba pegado a las piernas de su madre, con cara de pocos amigos.
–¡No!, hoy he venido yo a por él, que como no vengo mucho…ahora iremos al parque a jugar.  Vosotros…¿queréis venir? o… –dijo Fernando dubitativo cuando le interrumpió bruscamente Álvaro para decir:
–¡No!  ¡Mi madre y yo nos vamos a jugar nosotros solos!
–Ah, vale.  Me parece muy bien –reaccionó Fernando no queriendo dar importancia al grito de Álvaro.
–Perdona, que…bueno, ¡nos vemos! –Begoña no fue capaz de aguantar más los tirones de su hijo y se dio media vuelta y se fue.
–Sí claro, ¡adiós!
Fue a buscar a Adrián para irse juntos al parque y estuvieron jugando hasta que vino Paloma.
–¡Hola mamá!, mira lo que hago.
Adrián le pegó un chupinazo a su padre que esperaba en la portería y le dio en la boca del estómago.  El pobre se había quedado embobado mirando la belleza de su mujer que bajó más provocativa, que vestida para bajar al parque.  Se acercó a Fernando para interesarse por él, y le susurró al oído que sería buena idea acostar pronto al niño.  A él le pareció una idea estupenda, con que dijo:
–¡Adrián!, ¡vamos para casa que ya es tarde!
–¡Jo papá!  ¡Yo quiero quedarme más!
–¡Venga hijo!, que hoy tenemos tu cena favorita –dijo su madre– huevos fritos con patatas y pimientos.
–¡Qué bien! ¡Venga, me has convencido!
Subieron los 3 y cenaron juntos, cosa que rara vez hacían, muy a gusto.  Al terminar la cena, acostaron a su hijo y se quedaron los dos solos mirándose el uno al otro.
–Espera Paloma, que te he traído algo –dijo Fernando cogiéndole las manos mientras iba a su cuarto a rebuscar en la maleta– toma, para ti.
–¡Una caja de música!  ¡Lo que siempre he querido!  Muchas gracias amor.
Paloma estaba que no cabía en sí de gozo, y se lo recompensó a su marido como su más primitivo instinto le dictaba.  Al terminar se quedó en la cama pensando mientras le miraba dormido: <<qué maravilloso que sería estar todos los días con él.  Yo entiendo que viaje tanto pero por otro lado, parece que siempre nos estamos despidiendo.  Ojala pudiera estar siempre aquí.  Aunque me ha tocado vivir esto, qué se le va a hacer, mira a Begoña por ejemplo, o a otras amigas…todos tienen sus cosas Paloma, no seas así, que hay gente peor.  La verdad es que soy muy feliz, porque siempre que viene me hace sentir especial>>.
Al día siguiente, llevaron a Adrián al colegio que se despidió de su padre, pues se tenía que ir esa misma mañana, así que tras dejar a Adrián en el colegio, fueron al aeropuerto a hacer tiempo hasta que saliera el avión.
Una vez Fernando pasó el control, le sonó el móvil a Paloma:
–¡Hola!, ¿la mamá de Adrián?
–Sí, ¿qué pasa? –contestó Paloma sin reconocer la voz de la directora del colegio.
–Soy Lourdes, y me gustaría que vinieras porque tu hijo se ha peleado con otro niño.
–¿Cómo?, ¡no puede ser! –dijo despertando de su mundo de felicidad.
–Es que casi prefiero que vengas, para hablarlo aquí tranquilamente.
–Vale, voy para allá.
Paloma cogió el coche y se fue rápido hacia el colegio, repasando mentalmente qué podía haber llevado a su hijo a pelearse con otro.  <<No lo entiendo, pero si le quiero mucho y se lo demuestro todos los días.  Nunca me porto mal con él, y jamás le he pegado.  Si no conoce la violencia, ¡cómo es posible que se pegue con nadie!  Voy a ver si se resuelve el malentendido, seguro que mi hijo no ha sido.  Estas profesoras no se enteran de nada>>.  Cuando llegó le hicieron pasar hasta el despacho de la directora donde le esperaba junto a su hijo, Álvaro, la mamá de Álvaro y la profe de los dos.  Su hijo del alma tenía sangre en la nariz, la ropa rasgada y estaba despeinado por el fragor de la pelea.  Álvaro por otro lado, tenía un moratón en la cara y varias rozaduras en el pantalón.  La cara de susto de Paloma era merecedora de una foto instantánea.
–Pero, ¿qué ha pasado? –dijo la madre de Adrián estupefacta corriendo a abrazar a su hijo.
–No lo sé, estaban en clase y de repente se han empezado a pelear –respondió la profesora– y el resto de niños les hicieron corro, lo que me llevó más tiempo hasta que pude separarlos.
–Pues no lo entiendo, si son muy amigos, ¿no? –dije mirando a Begoña que casi no levantaba la mirada del suelo.
–Sí, juegan juntos muchas veces.
–Vamos a ver, Álvaro, ¿qué ha pasado? –le preguntó la directora.
–Nada.
–Así lleva media hora, que no quiere decir nada.
–Hijo –dijo Paloma agachándose a la altura de su hijo y cogiéndole por los brazos con las dos manos–, cuéntame, ¿qué ha pasado?
–¡No sé mamá!, yo solo le pedí el rotu rojo, porque el mío estaba gastado.
–¡No me lo pediste! –saltó Álvaro– ¡Lo cogiste sin más!, como todos los de tu familia, ¡cogéis las cosas sin pedirlas!
En ese momento se hizo un silencio y todos se quedaron boquiabiertos.  Begoña cogió a su hijo en brazos e hizo ademán de sacarlo de la sala, pero Álvaro se resistió y al darse media vuelta hacia donde creía que estaba Adrián, dijo:
–Como tu padre vuelva a regalarle flores a mi madre, ¡te mato!

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